Parte del sistema

ERICA MILLET CORONA ( * ) ————— (*) Licenciada en periodismo y maestra en relaciones públicas; exfuncionaria del Ayuntamiento de Mérida y del gobierno del estado erica.millet@gmail.com

2022-05-14T07:00:00.0000000Z

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Compania tipografica Yucateca

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LOCAL

La casa de todos ustedes se encuentra a media cuadra de una de las avenidas más transitadas de Mérida. La caótica “Andrés García Lavín”, con todos sus comercios, restaurantes y bares; sus horas pico y los miles de automovilistas ansiosos que transitan diariamente por esta arteria. Para llegar a casa me es preciso dar una vuelta a la izquierda atravesando la avenida y, dado lo complicado que resultaba a los automovilistas esta maniobra, hace un tiempo se colocó un semáforo que en teoría debe ayudar al orden y a una circulación adecuada. En ese mismo punto, hay otro semáforo que obliga a los conductores que seguirán derecho a detenerse, también. En los últimos meses se ha hecho costumbre que los automovilistas decidan no respetar el semáforo de vuelta a la izquierda e invadan el carril, a pesar de que seguirán de frente. Es decir, se quedan parados, aunque la flecha esté en verde, ignorando por completo la larga fila de automóviles que se quedan varados detrás, sin poder hacer mucho al respecto. Yo me lamento con frecuencia de no poder tomar otra ruta, pero sucede que esa calle es de un solo sentido, así que únicamente se puede entrar utilizando el semáforo, a menos que vengas transitando por el otro lado de la avenida. Dicho sea de paso, también a veces nos topamos con conductores que ignoran esto y salen a la transitada arteria en sentido contrario; entonces, el caos es total. La policía, ni sus luces. Impunidad. Ni una reprimenda se lleva quien, en total flagrancia de la falta, decide imponer su conveniencia sobre lo establecido. ¿Qué sucede? Que algunos ciudadanos decidimos hacernos “justicia por mano propia” y prendernos del claxon (más caos) para ver si ante la exhibición de la mala conducta, los conductores deciden hacer lo correcto. Algo así como cuando se adoptó en algunas ciudades de México y del mundo aquella táctica originada si no me equivoco en Colombia, en la que payasos hacían mofa de quienes invadían los pasos peatonales, pero menos pacífico y gentil. Constantemente nos lamentamos de los atropellos de los que como sociedad somos objeto: el mal uso de los recursos públicos, las decisiones arbitrarias de nuestros gobernantes; la corrupción completamente exhibida que nos hace rabiar. La voracidad de los políticos, los miles de abusos y delitos que podemos enumerar por montones y que a veces por una dolosa ineficiencia y otras por compadrazgos y cochupos, siempre quedan impunes. VICTORIAS PEQUEÑAS Nos quejamos y eso está bien, estoy a favor de alzar la voz, pero en nuestro pequeño mundo, en nuestra realidad más próxima, estamos acostumbrados a vanagloriarnos de esas pequeñas victorias a través de las cuales podemos sacar provecho del tiempo y recursos de otros: pararse donde no, darse vuelta donde no, salir por las entradas, usar con fines personales el material de la oficina, quedarse con los cambios y colarse en las filas. “Todos lo hacen”. “De que lloren en su casa a que lloren en la mía, que lloren en la suya”. “Si no lo aprovecho yo, lo hará alguien más”. A través del tiempo, estas actitudes nos han llevado a un grado de descomposición social tal, que parece una misión casi imposible pensar que algún partido o gobernante será realmente capaz de limpiar la podredumbre de un sistema corrupto, que empieza en nuestro entorno más próximo: en nuestras casas, en nuestros trabajos, en nuestras calles. ¿No hay retorno? Me parece que tal vez no lo único, pero sí lo primero que podemos hacer es comenzar por reconocernos parte de este sistema, auditar nuestras acciones diarias, nuestra manera de transitar por el mundo. No debemos olvidar que los niños están mirando y la única forma segura de heredarles un futuro mejor es intentar aprender junto con ellos a hacer las cosas de manera diferente.— Mérida, Yucatán

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