Indigna con sus pizzerías de lujo

Los altos precios no combinan con un guiso popular

2022-06-23T07:00:00.0000000Z

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Compania tipografica Yucateca

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Empresario italiano causa indignación en Nápoles por sus pizzas costosas. ROMA (EFE).— ¿Se puede comer una buena pizza en Italia por poco dinero? El empresario Flavio Briatore está enfrentando a los horneros tradicionales por cuestionar la calidad de sus platos y defender los que él ofrece en sus restaurantes de lujo, mucho más costosos. Sin embargo, en Nápoles, cuna de esta comida amada en todo el mundo, está claro: la pizza es del pueblo. El magnate atacó sin rodeos a los pizzeros que criticaron los altos precios del menú de sus restaurantes: “Son ustedes unos envidiosos, les adoro porque me hacen una publicidad buenísima. Yo soy un genio y ustedes no, ésa es la diferencia”, publicó en sus redes. En el centro de la polémica está su cadena Crazy Pizza, con locales de lujo en los que la pizza está lejos de ser la comida barata y popular que representa a la cocina italiana en todo el mundo. Por ejemplo, la clásica Margherita, que con tomate, mozzarella y hojas de albahaca dibuja sobre la mesa la bandera del “Bel Paese (bello país)”, suele costar cinco o, cuando mucho, ocho euros en cualquier local autóctono. Briatore, por su parte, la vende en su cadena a 15. El resto del menú sigue esa línea: una pizza con jamón cocido se paga en 29 euros, una con trufa en 49, la rústica con pimiento, berenjena y calabaza italiana cuesta 22 y la de jamón Pata Negra, al parecer la joya de la corona, alcanza los 65 euros. “Hablamos de un producto que pueden comer jóvenes, obreros, desempleados; que es popular, no un lujo. Una pizza buena puede costar siete u ocho euros. Con 60 euros come una familia”, dice Gino Sorbillo, dueño del histórico restaurante napolitano que lleva su apellido. ROMA. — Los precios del menú de la cadena de restaurantes Crazy Pizza, propiedad del empresario Flavio Briatore, rechinan en el oído de los italianos e indignan a los “pizzaioli” de la capital de ese platillo, Nápoles, cuya tradición culinaria fue reconocida en 2017 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Briatore responde a la controversia suscitada por abultadas cartas con el argumento de que sus restaurantes “parten de un razonamiento muy simple: incluir en la pizza los mejores ingredientes imaginables que se encuentran en el mercado”. Pero no se limitó a defender su marca, sino que también arremetió contra los pizzeros de toda la vida: “Te dan un ladrillo de pan con un charco de tomate en el medio... Yo preguntaría a estos muchachos cómo logran vender una pizza a cuatro o cinco euros”. Se refiere el empresario a la clásica apariencia de la pizza napolitana: circular pero irregular, de un diámetro que no excede 35 centímetros y delimitada por un borde grueso de masa conocido como “cornicione (marco)”. “¿Qué meten dentro de la pizza estos señores? Partiendo de la base de que pagan las materias primas, los impuestos, sueldos, alquileres, el gas y la luz... O vendes 50,000 pizzas al día o es imposible. Hay algo que no comprendo”, declaró Briatore. “En Italia, cuando tienes éxito encuentras siempre rabia, no piensan que cuanto más triunfas más impuestos pagas y más empleo creas (...) Si eres exitoso les patea los hue... porque Italia es un país rencoroso, celoso y lleno de envidiosos”, manifestó. En Nápoles sus palabras no sentaron bien y los cocineros más célebres insisten en que una buena pizza puede también ser barata, como lo demuestra que ésta sirviese de sustento incluso en los famélicos años de la Segunda Guerra Mundial. “Sus declaraciones son banales, no se puede pretender abrir un nuevo local atacando a la historia de la pizza. Es como si abrieras una tienda de ropa y te metes con los costureros centenarios”, lamenta el restaurantero napolitano Gino Sorbillo.

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