Eluden el coronavirus

Al estilo de vida saludable y el respeto a las medidas de prevención atribuyen que algunas personas no se hayan enfermado de Covid-19

BOETA MADERA VALENTINA

2022-08-06T07:00:00.0000000Z

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Compania tipografica Yucateca

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IMAGEN | ESPECIAL

Al entrar a la estética de Dorcas, los clientes deben aplicarse gel antibacterial en las manos. Además, durante todo el tiempo que permanecen en el lugar deben llevar puesto el cubrebocas. A estas medidas, que mantiene aun ahora, la propietaria atribuye en parte no haberse enfermado de Covid-19 en los dos años y medio que han pasado desde el inicio de la pandemia. Dorcas, estilista de 30 años, evita exponerse al contagio de SARS-CoV-2 y por esa razón solo asiste a reuniones de la familia. Pero el riesgo está latente: su esposo se desenvuelve profesionalmente en un medio hospitalario y ella ha atendido a personas que, después de acudir a su negocio, le han informado que dieron positivo al virus. Aun así, ni la pareja ni los padres de ella, con los que viven, han presentado nunca síntomas de Covid-19. “Creo que tiene que ver con el estilo de vida”, dice. “Si llevas un estilo de vida sano, si no tomas, tienes tus defensas altas, haces ejercicio, comes lo más saludable que se pueda, tu cuerpo está al 100 y no logras contagiarte”. La alimentación adecuada es, en efecto, uno de los tres factores cuya importancia destaca el doctor Eulogio Pérez Peniche, especialista en Epidemiología, como defensas contra el SARS-CoV2, virus del que algunas personas han logrado eludir la infección por más de dos años. Los otros son “no exponerse y, si se expone, estar protegido”. “La alimentación es también una estrategia de prevención”, subraya el médico. Para el profesor de Educación para la Salud de la Facultad de Medicina de la Uady, una combinación de variables explica que haya personas que todavía no se han enfermado de Covid-19: la vacunación, las medidas preventivas y las condiciones de salud y sociales individuales. “Puede haber gente que no requirió ninguna vacuna y no se infectó porque el número de personas vacunadas hace que el virus no se transmita tan rápido o que el contagio no se traduzca en muerte sino en cuadros respiratorios leves”, indica. “Están también las personas que tienen todas sus vacunas y mueren de Covid. La respuesta más rápida es que las vacunas no sirvieron, pero no es así; hay que evaluar el estado de salud de la gente porque Yucatán tiene alto índice de obesidad, diabetes e hipertensión”, señala. Asimismo, recuerda, hay infectados que presentan “pequeños cuadros clínicos, pero otros no y aun así están contagiados”. Ser asintomática es una explicación en la que Magda, de 55 años y maestra de Pilates, alguna vez pensó para el hecho de no haber tenido nunca malestares de Covid-19. Pero la falta de contagio la atribuye en primer lugar a su elección de alimentos. “Mantengo los niveles de inflamación del cuerpo muy bajos, por ejemplo con leche de ajonjolí, linaza, jugos verdes; mi comida de noche es ensalada, nada de carbohidratos, y tampoco tomo refrescos”, revela. A esto se añade que “utilizo mucho gel, me lavo mucho las manos” y en casa tiene una exposición reducida a posibles portadores del virus, lo que no sucede en su estudio de Pilates, donde ha interactuado con personas que, sin saberlo, ya estaban infectadas. Aunque da las clases en un lugar cerrado, un purificador de aire con ozono “me ayuda a limpiar de virus, bacterias y hongos y mantiene el espacio oxigenado”. De igual manera, José Francisco, comerciante de 44 años de Campeche, atribuye a los cuidados preventivos haberse librado hasta ahora del Covid-19: “Me lavo a cada rato las manos, uso el cubrebocas”. La mascarilla “si no hay mucha gente me la quito, pero mientras haya regular de gente sí me la dejo”, explica. A principios de este año presentó calentura un día, lo que lo motivó a hacerse una prueba de detección... que salió negativa. Y se mantuvo sin síntomas —“ni uno solo”— incluso después de que su esposa e hijo contrajeran el virus hace un mes. Resistentes El doctor Pérez Peniche, quien durante 30 años fue epidemiólogo hospitalario del Hospital Regional “Ignacio García Téllez” (la antigua T-1), advierte que “son los menos” los individuos que de manera natural resisten el contagio del virus: apenas el 0.001 por ciento de la población mundial. “Los que no se enfermaron son estudiados cuando representan condiciones excepcionales, si son capaces de desaparecer el virus de su cuerpo”, precisa el médico. “Tendríamos que evaluar los contenidos genéticos de cada uno de ellos, sus contenidos de exposición y de ahí sacar conclusiones”. En ese sentido, recuerda que se han reportado casos de inmunidad innata para otro tipo de padecimientos. “Hay personas con contenidos genéticos que pueden responder al estímulo del antígeno y controlar su propio cáncer”, apunta. Cuando se trata de Covid-19, “¿cómo saber si se es susceptible o resistente?”, pregunta el doctor Pérez Peniche. “Habría que montar técnicas de valoración inmunológica para saberlo. Hace apenas unos cinco años se montó la técnica para saber quién es más susceptible al virus del sida. Con la actual pandemia nos llevaría cuando menos 15 años desarrollar la tecnología; mientras llega ese momento se actúa de manera colectiva”. Aun cuando estudiar a los inmunes es relevante para la investigación médica, en el ámbito de la salud pública “nos preocupa más qué pasó con los que se infectaron y qué hicieron con ese virus”, enfatiza el especialista. Por lo pronto, al coronavirus se le tiene que hacer frente con las estrategias ya disponibles. “En los primeros meses de la pandemia, cuando no había medicamentos para atender la enfermedad, se sabía por estudios experimentales que la sana distancia y el uso del cubrebocas eran medidas muy fuertes” contra el contagio, como también lo era no exponerse a infectados. “Cuando aparecieron las vacunas surgieron los mecanismos inmunológicos para estimular las defensas a nivel de linfocitos T”, dice. “Se está trabajando en las dietas como estimulantes inmunológicos. Qué mejores estimulantes inmunológicos tenemos que el frijol y la chaya”. La “biblioteca genética humana” sabe defenderse de determinados virus, manifiesta el epidemiólogo, que agrega que “de pronto aparece uno que no estaba en la lista; para que lo aprenda le lleva mucho tiempo”.—

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